Lecciones del mundo emprendedor que me dejó el 2014

Se acerca fin de año, emprendedores!

Alguien hace poquito me dijo que esta es la peor época para hacer balances, porque estamos cansados, porque estamos usando los últimos cartuchos para cerrar el año, porque con tantas cosas en la cabeza es difícil sentarse a parar la pelota y pensar en lo que pasó y en lo que va a venir. Es bastante cierto, pero también es inevitable. Estamos seteados para pensar que la semana que viene algo se termina, aunque el 2 de enero nuestra vida siga exactamente igual. Este 2014 fue importante en mi vida, importantísimo. Principalmente en lo laboral, aprendí muchísimas cosas. Y gran parte de esas cosas las aprendí gracias a muchos de ustedes. Así que quiero compartirlas, acá van:

1- Aprendí que el mundo emprendedor es un hermoso lugar para trabajar. Porque tiene un espíritu colaborativo inigualable, porque te conecta con gente creativa, porque rompe con ese falso progreso en el que creían nuestros papás y nos hace entender que la vida no tiene por qué empezar después del trabajo. Que existen alternativas posibles y que podemos trabajar para nosotros mismos, por más difícil que parezca.

2- Aprendí (o reafirmé, porque creo que ya lo sabía) que poner fechas límites es un disparador para la acción: Si hace mucho que queremos hacer algo y no arrancamos, mi recomendación es poner una fecha para hacerlo, marcarlo en el calendario es el puntapié que nos ayuda a ponernos en movimiento.

3- Aprendí que ningún trabajo es perfecto, y que tampoco lo son los emprendimientos. Que hay momentos en los que perdemos el rumbo, que no estamos seguros de lo que hacemos. Mi consejo para esos momentos es salir, conectarse con otros emprendedores, compartir experiencias e intercambiar crisis. La catarsis emprendedoril es una fuente de energía vital para las épocas de tumbos.

4- Aprendí a no exigirme un trabajo para toda la vida. Planificar es bueno, sí. Pero este año entendí que vamos haciendo nuestro propio camino desde la acción, que lo que nos hace felices hoy puede que no nos motive mañana, y que de la experiencia se aprende. Y se endereza o se tuerce el rumbo. Pero la que la única manera de aprender es hacer.

5- Aprendí que mi profesión tiene su lado amigable. Quienes me conocen saben que soy algo crítica del marketing, principalmente de las marcas que llegan a vender eso, sólo marcas. Creo que los emprendedores tenemos un desafío (y un compromiso) en ese aspecto: todos intentamos vender productos o servicios que realmente hacemos con amor, que nosotros mismos compraríamos. No nos olvidemos que ese es el valor fundamental de nuestros emprendimientos. La comunicación efectiva nos ayuda y mucho, pero esa comunicación tiene que sostenerse desde lo que nosotros producimos. Eso es lo que nos diferencia, y lo que deberíamos mantener.

En resumen, aprendí que cuando la ambición más grande que tenemos es vivir felices, el trabajo sale mejor, el esfuerzo tiene otra recompensa que nos llena mucho más que la económica y los vínculos que se forman en ese camino son más auténticos.

Por todo esto brindo por el mundo emprendedor, brindo por todos los emprendedores que me enseñaron mucho este año, brindo por la producción local, geniuna y que proviene de personas que hacen las cosas con amor. Chin chin!

You may also like

Comentar